El fracaso de la Antroposofia en el siglo XXI: Brexit, Europa y el triunfo de la Desconfianza

A continuación reproducimos el artículo publicado por Joaquín Aguado, autor de La Economía de la Confianza (IAO Arte Editorial, 2015), en su blog Quieran oírlo los hombres:

Hoy es un día triste. La mayoría de los ciudadanos de la Union Europea y de Reino Unido no son en absoluto conscientes del alcance de lo que ha sucedido hace apenas unas horas, con la decision en Referendum, por escaso margen, de los ciudadanos del Reino Unido, de abandonar la Union Europea.

La UE estaba y esta lejos de ser perfecta. Aun más, es profundamente imperfecta. Adolece de mecanismos democráticos adecuados, de procesos de gobernanza eficaces, y sobre todo, en los últimos diez años, ha perdido la capacidad de dar respuestas y entusiasmar a los ciudadanos de los distintos países que la componen. Y esta es una buena parte de la razón por la cual los ciudadanos británicos, especialmente los mayores de 50 años, han votado “leave”. Porque, sencillamente, la UE era para ellos, algo que no percibían como cercano, importante, o sencillamente, beneficioso.

Y que no lo percibieran no quiere decir que no lo fuera. Quiere decir, que estaba “mas allá” de su ámbito de percepción inmediata.

A este problema, o mejor dicho, en relación con el mismo, se une el problema de los extremismos y nacionalismos que emergen a lo largo y ancho del mundo entero. En lugar de avanzar en la “democratización” de las zonas controladas por sistemas autoritarios (que siempre son, por definición, extremistas y nacionalistas), ha comenzado a suceder lo contrario: el mundo democrático se vuelve nacionalista, extremista, y no tardando mucho, se volverá autoritario.

¿Por qué esta sucediendo esto?… Por una razón muy sencilla. Tal y como he indicado en La Economía de la Confianza (IAO Arte Editorial, 2015), la economía moderna se sustenta en dos pilares esenciales que actúan, en estos momentos,  a nivel inconsciente: la fraternidad y la confianza. La economía mundial, basada en el uso intensivo de tecnología (es decir, de inteligencia humana, que organizando el trabajo produce efectos de ahorro o liberación del mismo) genera un gigantesco y global efecto de interdependencia que hace de facto, imposible, que ningún ser humano pueda hoy por hoy trabajar para si mismo. Nuestro trabajo es ya tan especializado y tan intensivo en “inteligencia” (es decir, en capital) que, de facto, somos extremadamente productivos y eficaces, pero dependemos de los demás para nuestro sustento. Todo lo que producimos, el fruto de nuestro trabajo, es para otros seres humanos, y a la inversa, todo lo que necesitamos nosotros, nos lo dan los demás. Esto es, de facto, fraternidad en los hechos. Sin embargo, en la conciencia, que se refleja en la circulación del capital, actuamos de forma ego-céntrica, como si el dinero fuera “nuestro”, y trabajásemos para nosotros mismos (cosa que, por otro lado, no es real, pero que se constituye en una fuerte ilusión en la que continuamos viviendo cada día como si no pasase nada por ello).

En lo referente a la confianza, la división del trabajo ha creado un efecto de “aislamiento” y “separación” en el mundo moderno, hasta el punto, de “aislar” al trabajador en su propio “cubículo”, o en su “posición” en la cadena de montaje. Hemos pasado del taller artesano de los gremios del siglo XVII, donde los artesanos de distinto nivel trabajaban juntos creando sus productos, a los espacios de trabajo modernos, en los que la individualización se ha llevado al extremo. Este proceso de “separación” es un proceso de individualización totalmente necesario para que el hombre moderno pueda experimentar la libertad. Era necesario que el ser humano terminara de romper las antiguas formas colectivas, para experimentarse a si mismo como un ser individual y libre. Y la primera “Fase” de dicha individualización, es la fase del aislamiento. Este proceso es percibido como un proceso de perdida, de oscurecimiento, de enfriamiento. Se pierde el antiguo mundo de relaciones, de conexiones, y en su lugar, solo aparece, el vacío del propio ser. Es la noche oscura del alma tal y como la llamaba San Juan de la Cruz.

En este espacio, aparece ante el ser humano el impulso de volverse atrás, el miedo a la oscuridad espiritual, a no tener respuestas, y con ello, la tentación de la “Desconfianza”. Este miedo es el que nos lleva a volver atrás, al mundo colectivo, en el que las formas de organización que hacen predominar al grupo sobre el individuo (nacionalismo, extremismos y autoritarismos) emergen.

Pero también es frente a este vacío, que el ser humano moderno puede encontrarse a si mismo. Es en el vacío cuando uno puede comenzar a hacerse “preguntas”, a cuestionarse la propia vida, y a buscar respuestas a esas preguntas que provengan, no de los juicios ya hechos del pasado, no de lo que el pasado (es decir, nuestro entorno colectivo antiguo) nos había enseñado (algo que no procede de una elaboración propia y libre), sino de la contemplación “objetiva” de la propia vida. Cuando uno, siguiendo el camino de Goethe, contempla la propia vida, se forma un órgano que permite percibir “las fuerzas formativas” de la propia vida, es decir, los propios arquetipos vitales. Y cuando uno puede percibir “el sentido de la propia vida”, se produce el milagro: uno comienza a “ver”, literalmente, como la propia vida esta “formada”, “moldeada”  por “los otros”, por todos aquellos seres humanos con los que nos hemos ido encontrando a lo largo de nuestra vida.

En algunos casos  estos encuentros han generado en nosotros “dolor”. Sin duda. Pero ese dolor, contemplado desde este nuevo “espacio interior”, no es algo “malo”, sino que es, sencillamente, la reacción de mi propio ser frente a una fuerza formativa (lo que otro ser humano ha traído a mi encuentro) que, en ese momento, yo no era capaz de “asimilar”. Por poner un ejemplo quizás más entendible, piensen en lo que sucede cuando a un bebe se le da de comer un alimento para el que su sistema digestivo no esta preparado. Ese alimento puede llegar a actuar, en un caso extremo, como un veneno. En un caso más benigno, le producirá fuertes dolores, e incluso alguna infección digestiva. Pero poco a poco, su sistema digestivo se ira “transformando”, volviéndose más y mas capaz de digerir dicho alimento. Pues bien, este mismo es el camino del dolor para los seres humanos en general: cada situación “dolorosa” que vivimos, nos “moldea”, nos “transforma” y nos da la oportunidad de desarrollar una nueva capacidad concreta y especifica, que nos permite madurar en nuestro desarrollo.

Así, la persona o personas que nos traen situaciones dolorosas en nuestras vidas, son precisamente, aquellas personas que más nos han ayudado a desarrollarnos. Y si aprendemos a contemplar estas situaciones de un modo objetivo, sin prejuicios, sin permitir que nuestras reacciones emocionales (guiadas siempre por mis pre-juicios, por los juicios que provienen del pasado y que no están sometidos al escrutinio de mi contemplación objetiva) enturbien dicha mirada, nos daremos cuenta de que, en nuestra vida, gracias a aquella persona, gracias a aquel dolor, ganamos algo, nos movimos en determinada dirección, hicimos algo que, de otra manera, nunca jamás hubiéramos hecho.

Este descubrimiento se convierte entonces, en una bendición para el alma individual que comienza a pasar, poco a poco, de la noche oscura del alma, a un espacio en el que la luz y la oscuridad de la propia vida se entretejen, creando multiples configuraciones de color. El alma entra en un espacio nuevo, donde el tejido de la luz y de la oscuridad genera propósito y sentido; en un espacio en el que la creatividad humana comienza a tener más y mas importancia, en cuanto que hemos de hacernos cargo, cada vez mas, de dicho proceso de tejido. Hemos pasado de vivir en la “ilusión” de la galería de tapices, a entrar en el taller de las Hilanderas de Velazquez, en el taller de las parcas. Comenzamos, poco a poco, a convertirnos en dueños de nuestro propio destino. Y lo hacemos, precisamente, reconociendo, conscientemente y de forma especifica y concreta, en cada, caso, la importancia de la acción del “otro” ser humano en su acción moldeadora de mi propio destino. Así, el otro se convierte en mi hermano (fratello) y el miedo y la desconfianza de “la noche oscura” se transforman ahora en confianza y agradecimiento. Con ello, se hace realidad experiencial el quinto verso de San Juan de la Cruz en su obra “La noche oscura del alma”:

¡Oh noche, que guiaste;

oh noche amable más que el alborada;

oh noche que juntaste

Amado con amada,

amada, con el Amado transformada!

Este es el proceso espiritual que se refleja en la necesidad de la “confianza” en cualquier transacción financiera. En el mundo financiero, toda transacción es un proceso de confianza. “Confiamos” en el valor del papel (billetes) que nos da un desconocido cuando nos compra nuestro servicio, o nos paga nuestro salario. “Confiamos” en que el banco cumplirá nuestro contrato y nos reembolsará nuestros depósitos. Confiamos, en definitiva, en que, la otra parte del “contrato” (puesto que todos los instrumentos financieros son, en esencia, contratos, empezando por el papel moneda) cumplirá con su parte, y de este modo, ambos “moldearemos” nuestro destino juntos, de forma consciente.  En el mundo financiero, el dolor se produce cuando “nos quitan” nuestro dinero. Y a semejanza del proceso anterior, si uno contempla esas situaciones en las que hemos perdido nuestro dinero, podrá ver como hemos necesitado confrontar nuestro miedo, y encontrar formas creativas de salir adelante. Vera como hemos tenido que “madurar” y volvernos más capaces de encontrar formas y modos nuevos de relación con el mundo para poder superar dicha situación. En definitiva, verá como hemos necesitado, como se dice ahora, “reinventarnos”, o si se quiere, volver a “erguirnos”, para continuar caminando en la dirección de nuestro desarrollo.

Todo eso, nunca lo hubiéramos hecho de no ser porque “perdimos” nuestro dinero. Es así como puedo convertir la perdida en ganancia; es así como cobra sentido el viejo adagio contable: “el que recibe, debe. El que da, acredita”. En realidad, no nos han quitado nuestro dinero: lo hemos dado; inconscientemente, pero lo hemos hecho.. Y por ello, nos volvemos “acreedores” del mundo, de aquellos a quienes les hemos dado. O incluso, sin recordarlo, habíamos “recibido” en un momento previo, y por tanto, éramos “deudores”, y ahora hemos procedido, sin saberlo, a cancelar dicha deuda.

Cuando uno comienza a contemplar la propia vida desde este nuevo “espacio del alma”, lo anterior se vuelve mucho mas concreto y especifico. Las duda se despejan y los encuentros cobran sentido. Así, uno comienza a convertir en una experiencia vital el onceavo mandamiento: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, o si se quiere, “lo que hagas por el mas pequeño de tus hermanos, lo estas haciendo por mi”.

Las fuerzas que actúan en el reino de la economía y de las finanzas nos exigen una altura de consciencia, y por consiguiente, una altura moral, muy superior a la que el hombre moderno parece ser capaz de obtener, al menos de momento. En lugar de esforzarnos interiormente por descubrir el sentido de la propia existencia, y con ello, al “pequeño hermano que me trae (aun sin saberlo)  justo aquello  que necesito”, nos hemos dedicado a tapar ese espacio vacío con toda clase de distracciones: consumo, posesiones, placeres, adicciones…..pensando que podíamos retrasar lo inevitable de forma permanente….

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Y si había algunos que tenían las herramientas y las capacidades para haber ofrecido un camino, una respuesta “epistemológica”, un camino de desarrollo de conciencia capaz de traspasar el abismo de la oscuridad del yo moderno, esos eran los antropósofos. Desde hace mas de 100 años tenemos la posibilidad de haber desarrollado la capacidad de conciencia para entrar en ese nuevo “espacio” del alma al que hacia referencia Rudolf Steiner en su Filosofía de la Libertad. Desde ese “espacio del alma” podríamos haber ofrecido al mundo respuestas “reales” y “experienciales” a las preguntas de nuestra época, en lugar de repetir como “loros” lo que Steiner dijo hace cien años, en lugar de comportarnos y actuar como una “secta” que “cree” en lo que dijo Steiner (en realidad, solo creemos en lo que nosotros interpretamos de lo que dijo Steiner, ni siquiera en lo que dijo Steiner, pues en la mayor parte de los casos ni siquiera nos esforzamos en intentar comprenderlo; no; basta con “asimilarlo” a nuestro sistema de creencias, en lugar de “transformar” nuestro sistema de creencias para poder comprenderlo). Desde hace casi cien años, tenemos la Triformación Social y la Economía Asociativa, verdaderas joyas del desarrollo social humano. Pero es mas fácil decir de ellas que son “utopias” de futuro, en lugar de reconocer que algo en mi me impide comprenderlas, y necesito aumentar, intensificar mi capacidad de contemplación para crear en mi el órgano de percepción adecuado…..

Desde hace casi cien años, tenemos la posibilidad, única en la historia de la humanidad, de encontranos “conscientemente” (es decir, desde el “nuevo espacio del alma”) para poder transformar nuestros distintos impulsos de destino, y unirnos en un nuevo impulso al servicio de Cristo y de Micael, en un nuevo impulso en el que el podemos “compensar” nuestras “deudas” de vidas anteriores, y creemos un espacio de “libertad” karmica que nos permita actuar en el mundo de forma “espiritualmente” eficaz. Pero es mucho mas fácil seguir criticando al otro antroposofo; es mucho mas fácil seguir discutiendo sobre “lo que dijo Steiner” en lugar de luchar por la propia experiencia; es mucho mas fácil aferrarse a la memoria de la propia experiencia en lugar de vaciarse y escuchar al otro para descubrir el sentido y propósito de ese otro ser humano en mi destino; es más fácil llamarle a uno “hermano”, “amigo”, mientras nos trae aquello que nos encanta escuchar, y luego, a la primera situación de tensión, a la primera diferencia, es decir, justo cuando se nos acaba el placer que nos mantenía calentitos y encantados de conocernos, cuando es el momento en que hemos de contemplar nuestras propias reacciones y hacernos “dueños” de ellas, cuando llega el momento de reconocer al otro como el que me trae una fuerza moldeadora de mi destino, en ese momento, es mucho mas fácil volver a mis propios impulsos, a mis propias emociones, a mis propios juicios, y entonces el “hermano”, el “amigo”, ya no es nada de eso…ahora es un “canalla”, un “retrasado”, un “ego-céntrico”, un “narcisista”, un …llámenlo como quieran. En lugar de luchar por la fidelidad al ser superior del otro, en lugar, aun mas, de luchar por reconocer nuestro propio destino a través del otro, negamos nuestro destino, negamos al otro, e irradiamos “desprecio”, “odio” y “mentira”.., eso si, disfrazándolas y justificándolas del mejor modo posible con unas cuantas conferencias de Rudolf Steiner para justificar intelectualmente nuestra actuación.

rafaelsanziosanmiguelyeldragc3b3nhc2aadelafealdadp-118En definitiva, no solo le hemos fallado a Rudolf Steiner, y hemos hecho inútil su sacrificio, sino que le hemos fallado a Micael, al Arcángel que confiaba en el ser humano, y que esperaba nuestra acción creadora, desde el coraje, nuestra acción de “erguimiento” espiritual, para poder tendernos su mano y crear juntos un nuevo futuro para la humanidad entera.

La Antroposofia en estos momentos, ha fallado. Los Antropósofos, hemos fallado. Y con nosotros ha fallado el Espiritu de Europa, incapaz de crear una propuesta social y económica alternativa al capitalismo ego-céntrico occidental-anglosajon y al teocratismo colectivista oriental. Y con todo ello, ha triunfado el Espiritu del miedo y de la desconfianza.

Ahora, como dijo Steiner poco antes de su muerte, habrá de cumplirse el Karma. Una vez reconocido el fracaso, solo queda un camino: aprender y levantarse, de una vez, con coraje y determinación, para ganar el acceso al “espacio de alma” en el que la libertad y necesidad se encuentran, el espacio del alma en el que uno puede decir, desde la mas profunda realidad física y espiritual:” Yo soy”.

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